La vida antes de que supiéramos tantas cosas
¿Cómo era la vida antes de que supiéramos tantas cosas y estuviéramos tan conectadas? ¿Cómo eran las noches? Mis noches de post adolescente eran, en muchas ocasiones, escritos con cigarrillos escondidos en la ventana de la habitación y cuatro acordes mal sonados con la guitarra. Escribía sobre la luz baja e indirecta de una lámpara de noche, escribía sobre el silencio de una ciudad cuando todo el mundo duerme. Investigaba la quietud de los muebles de madrugada. Las noches podían ser largas y no precisamente por falacias de vidas impregnadas de mentiras, filtros y falsedad. Pasearme por las calles de mi barrio consistía en absorber la noche y la quietud de las piedras que albergan siglos de historia.
¿Por qué nos olvidamos tan rápido de quiénes somos?
Lo han ensuciado todo. ¿Cómo definirlo? ¿Quién mucho abarca, poco aprieta? Mucho y mal. ¿Una vida teñida de materiales sintéticos y camisetas baratas que con cuatro lavados ya empiezan a deteriorarse? Lo han ensuciado, lo han llenado todo de porquería. Siempre he preferido tener pocas opciones, absolutamente siempre. En los menús de los restaurantes, en los colores de una misma pieza de una tienda de ropa, en los muebles casi iguales pero con pequeñas diferencias que se convierten en abanicos de opciones, en los momentos en que sin quererlo te coinciden varios amantes a la vez. Sin duda alguna, es mejor poco y bueno. Sobretodo si tienes dificultades para tomar decisiones.
La vuelta al pasado siempre es una necesidad de recuperar el presente. Pero eso dedicamos tanto tiempo a volver atrás y entender quién somos. Por eso nos sumergimos en tantísimas cosas que de una forma u otra han tocado nuestras almas. Por eso pensamos cómo era la vida antes que supiéramos tantas cosas. Quizás porqué antes eran pocas y densas, y ahora son muchas y volátiles.
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